Es impresionante ver como la desfachatez de la FAES alcanza nuevas cotas con la publicación del video Tras la masacre.
Tiene todos los ingredientes que se pueden esperar de sus autores: publicación de imágenes que el código deontológico de todos los medios impide publicar, descontextualizaciones, demagogia y la vuelta al "y tú más". Esta vez, por suerte, sin razón.